Hablar de la novena entrada en las Grandes Ligas durante la primera década de los años 2000 es evocar, inevitablemente, la figura de Joakim Soria. El derecho de Monclova no solo fue un lanzador efectivo; se convirtió en el estándar de excelencia para los relevistas mexicanos en el mejor beisbol del mundo, estableciendo una vara de medir que, hasta el día de hoy, parece difícil de alcanzar para las nuevas generaciones de serpentineros nacionales.
El dominio en Kansas City y la consolidación de un récord
Aunque Soria vistió varias franelas en la Gran Carpa, su nombre siempre estará ligado a los Kansas City Royals. En una organización que históricamente ha valorado el pitcheo de relevo, el coahuilense se erigió como el “candado” definitivo. Su capacidad para aislar el ruido externo y concentrarse en la zona de strike lo llevó a sumar 229 salvamentos en su carrera, una cifra que lo sitúa en la cima histórica entre los lanzadores nacidos en México, superando incluso a figuras de la talla de Aurelio López o Roberto Osuna.
Lo que hacía especial a Soria no era necesariamente una recta de cien millas, sino su inteligencia emocional y su repertorio variado. En sus mejores años (2007-2011), su cambio de velocidad y su control quirúrgico dejaban a los bateadores rivales sin respuestas. Sus dos selecciones al All-Star Game (2008 y 2010) no fueron producto de la casualidad, sino el reconocimiento a un cerrador que promediaba una efectividad minúscula en situaciones de alto riesgo.
El nacimiento de “The Mexicutioner”: Mucho más que un apodo
En el argot del beisbol estadounidense, los apodos suelen ganarse con sudor y momentos decisivos. Soria se ganó el suyo, “The Mexicutioner”, durante una de las rachas más dominantes que se recuerden para un relevista latino. En 2008, el mexicano encadenó una secuencia de 13 rescates consecutivos sin fallar, pero lo más impresionante fue su perfección técnica: retirar a 24 bateadores en fila, el equivalente a ocho entradas perfectas distribuidas en diferentes juegos.
Este sobrenombre, que fusionaba su nacionalidad con la frialdad de un “ejecutor” en la lomita, definía su estilo de juego. Soria no celebraba con aspavientos; simplemente cumplía con su labor y caminaba hacia el dugout. Esa parquedad y profesionalismo le ganaron el respeto de sus compañeros y el temor de sus oponentes, consolidando una identidad que trascendió las fronteras de Kansas City.
Los cimientos en México: Del “Infierno Solar” al Juego Perfecto
Para entender el éxito de Joakim Soria en Estados Unidos, es imperativo mirar sus raíces en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) y la Liga Mexicana del Pacífico (LMP). Su paso por los Diablos Rojos del México fue breve pero contundente, llevándose el Novato del Año en 2005 y demostrando que la altitud de la Ciudad de México no era impedimento para su talento.
Sin embargo, el momento que realmente anunció su llegada al estrellato ocurrió en invierno. El 9 de diciembre de 2006, vistiendo la franela de los Yaquis de Ciudad Obregón, Soria alcanzó el olimpo del pitcheo al lanzar un Juego Perfecto ante los Naranjeros de Hermosillo. Lograr tal hazaña en una liga tan competitiva como la Mex-Pac, donde la presión de la afición es constante, fue la prueba final de que estaba listo para los escenarios más grandes. Aquella joya monticular fue el prólogo perfecto para su debut en la MLB apenas unos meses después, marcando el inicio de una era dorada para el pitcheo de relevo mexicano.





































